Sin reconciliación no hay un futuro de paz
Víctor Daniel Vélez
Comunicador Conciudadanía
Antioquia – Colombia
Se habla mucho de paz en pueblos que han sufrido, como en el caso de Colombia, divisiones, desarraigos, exilios, dispersión, violencia de cualquier tipo y muerte. Pero la paz no se puede establecer por medio de normas jurídicas ni se construye por sí misma. La paz es un fin deseable, una meta que sólo puede alcanzarse luego de recorrer un camino que nos hayamos trazado y que estemos dispuestos a recorrerlo todos y todas.
El camino hacia esa paz deseable, exige ciertas condiciones sin las cuales no es posible avanzar ni llegar hasta donde queremos. La justicia, la verdad y la reparación a quienes han padecido la violencia ejercida por diferentes actores y de diversas formas en nuestros territorios, son indispensables en este proceso. Pero para que esa paz pueda ser duradera y no se nos escape de las manos como arena de mar al apretarla, se necesita amor en los corazones de todos y cada uno de nosotros para comprender los errores que hemos cometido, superar los resentimientos, no seguir buscando culpas y culpables, y estar dispuestos a darnos la mano y trazar puentes entre las personas, las familias y los integrantes de nuestra sociedad, que permitan que nos volvamos a conectar como seres humanos que compartimos y construimos el futuro.
Necesitamos, si queremos alcanzar la paz algún día, tejer enlaces con lo humano que hay en quienes han estado metidos en la dinámica de la violencia y la guerra, recordar esfuerzos del pasado, ir creando ambiente en el presente y abrir la puerta a futuros horizontes de reconciliación.
Y es que todavía en medio de un conflicto que sigue utilizando la violencia como instrumento de poder, el futuro se presenta como el punto al que deben dirigirse todos nuestros esfuerzos para construir una paz basada en la dignificación de la vida, el respeto por los derechos humanos y la participación real de todos los sectores sociales.
El horizonte de futuro, entonces, nos plantea el reto de reconciliarnos, tratando de abrir un camino común a través del conflicto armado que queremos enfrentar, para que podamos recuperar una convivencia basada en el respeto, la aceptación mutua y la convicción de que los hechos violentos que sufrimos como sociedad no se repetirán nunca más.
Esto lo han comprendido diversas comunidades y grupos organizados, dentro de los que se resaltan los de la región del Oriente Antioqueño, como la Organización de Mujeres -AMOR, que durante la Tercera Plenaria de la Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz (2001) hicieron pública una carta abierta dando a conocer su pensamiento y afectación frente a los efectos de la guerra, en la que se resalta que “la apuesta por la reconciliación parte del reconocimiento de que todos los actores armados son de la región, los grupos guerrilleros tiene base social en el Oriente, los grupos de paramilitares llegan de afuera (en la mayoría de los casos) pero empiezan a reclutar jóvenes hombres y mujeres de la región y la fuerza pública también cuenta con efectivos oriundos de este territorio, lo que hace pensar a las mujeres que es necesario trabajar por el horizonte de reconciliación ya que en el momento de un desarme o desmovilización de combatientes no se puede expulsar a ninguno de ellos, éstos regresarán a sus hogares (en el Oriente) sin importar a que bando pertenecen. Las mujeres son madres y como tales están a la espera de sus hijos”.
El objetivo de la paz, entonces, como lo han señalado algunos expertos españoles que participan del Foro Iruña de España, precisa de una serie de pasos intermedios dentro de los que resaltamos la superación definitiva de toda violencia, la vinculación de todas y todos a una cultura democrática de paz, de respeto a los derechos humanos que la fundamentan, el reconocimiento y reparación a las víctimas por su sufrimiento, la justicia, la verdad y la recuperación de una memoria que sirva de catarsis colectiva y de antídoto para el futuro. La reconciliación, finalmente, que conlleva retos como el de la generosidad y el perdón, y que es presupuesto necesario para una convivencia en paz.
Recogiendo algunas reflexiones de un editorial sobre verdad, justicia y reconciliación de la revista cubana “Vitral”, publicado en diciembre de 2005, un futuro en paz sólo será alcanzable en la medida en que la vamos construyendo desde el presente, aunque aún estemos en tiempos de conflicto, con pasos cortos pero seguros, pequeños pero perseverantes, con los corazones abiertos y dispuestos para recorrer un camino hacia el crecimiento humano, el progreso social y la felicidad alcanzable en el tiempo que tenemos para vivir en plenitud esta nuestra vida terrena, es decir, nuestra única oportunidad.
Si comenzamos hoy, en lo personal, en lo pequeño, podremos decir con verdad, con justicia y con un alma grande y sana, que la reconciliación es nuestro horizonte de futuro.
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