Diez años de dolor y lágrimas
Goliath Pérez Pulgarín
Director – Periódico El Gran Precursor
Nariño – Antioquia
El pasado 30 de julio, los nariñenses con lagrimas en los ojos, pero con un corazón revestido de mucho valor y coraje, conmemoraron 10 años de dolor y lagrimas, causado por la incursión guerrillera, protagonizada por uno de los grupos armados y también desalmados, que tenían como centro de operaciones el suroriente antioqueño.
Muchas familias aún no han despertado de esa dura pesadilla, la cual solo les dejó orfandad y desolación; es largo el inventario de pérdidas humanas y materiales que quedó como producto de tan demencial acontecimiento, del cual “no quisiera ni acordarme”, como lo escribiera un poeta, y como lo dijera Luís Alfonso Hoyos Aristizábal, el viernes 18 de julio en el corregimiento de Pueblo Nuevo, Caldas. “Dejaron de correr los ríos de agua viva y corrieron ríos de sangre. Ya no crecían los cultivos agrícolas, pero si crecían los cultivos de la maldita coca y también crecían los cementerios con los cadáveres de laboriosos campesinos y de niños inocentes que perdieron la vida en una guerra sin nombre, debido a la irresponsabilidad de unos pocos que se prestaron para este juego fatal, y no tuvieron el valor civil de denunciar a tiempo”.
La ingenuidad de los habitantes de una región tan productiva como la nuestra, fue el abono para que creciera la mala intención y se sembrara la mala semilla de lo que luego se convirtiera en tristeza y dolor, todo por la ambición desmedida de unas cuantas personas, quienes apoyadas en las buenas intenciones de incautos campesinos, accedieran para convertir sus cultivos de comida para sus hijos, en cultivos ilícitos que fortalecieran la ambición económica de unos pocos bolsillos a cambio de la guerra, la que a la postre, dejaría como resultado, lo que hoy estamos observando con preocupación: viudas, huérfanos y desplazamientos forzados.
10 años después, se contempla una nueva luz en el horizonte, una luz de esperanza que ilumina los caminos de los habitantes de esa desvencijada región, la que a pesar de las dificultades, no ha perdido la esperanza y ya comienza a recuperarse con dificultad, de tanto dolor, lagrimas, desolación y pobreza. Algunos programas de Estado, a través de Acción Social de la presidencia de la república, han aliviado en parte la situación, especialmente en lo material: familias guardabosques y familias en acción, son algunos de esos programas que han permitido calmar el hambre de muchos hogares colombianos, mientras el campesino vuelve al surco de su parcela, a sembrar comida para sus hijos y a cosechar esperanzas.
De esos tres días y noches de hace 10 años en Nariño, todavía quedan secuelas, unas huellas que difícilmente se borrarán con el paso del tiempo. Una historia triste que las nuevas generaciones deben conocer. Como dijera el pensador norteamericano, “quien no conoce su historia, está llamado a repetirla”.
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ES TRISTE RECORDAR ESOS MOMENTOS TAN AMARGOS PERO BUENO DESPUES DEL DILUVIO LLEGA LA CALMA ME ALEGRA DE CORAZON QUE NARIÑO ESTE MOSTRANDO UNA NUEVA CARA Y JUNTOS LO AYUDAREMOS A SALIR A DELANTE.
BUENO Y TAMBIEN ME GUSTARIA QUE REGISTRARAN LA EMISORA DEL MUNICIPIO EN LA LINEA DE EMISORAS DE ANTIOQUIA YA QUE ES COMPLETAMENTE GRATIS Y FACIL DE HACERLO CON EL FIEN DE QUE LAS PERSONAS QUE VIVIMOS LEJOS DE NUESTRA CUNA PODAMOS SABER MAS DE EL