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Martes, 25 Septiembre 2018 18:48

La Reconciliación que Soñamos

Por: Gloria E. Ríos Madrid

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Entre el 6 y el 8 de septiembre del presente año, se llevó a cabo en la ciudad de Medellín, el Seminario “Imaginemos un País Reconciliado”, organizado por la Corporación Región, el Centro de Fe y Culturas, el Museo de Antioquia, la Corporación Viva la Ciudadanía y la Corporación Conciudadanía, con el apoyo de otras organizaciones e instituciones que no dudaron en apostarle a abrir un espacio en la ciudad para pensar el tema de la Reconciliación.


Conciudadanía además de agradecer a esta gran alianza valora la importante oportunidad de poner sobre la mesa, tanto su reflexión teórica como su experiencia y su apuesta política en el tema. Es muy grato que después de tantos años de trabajo en las regiones de Antioquia, valga decir trabajo solitario, por fin en estos momentos tan importantes para el país, nos podamos encontrar, precisamente con organizaciones cercanas y otras no tan próximas, a reflexionar sobre un tema que para nuestra Corporación resultó tan costoso de proponer y construir, cuando hace aproximadamente 15 años, el postconflicto se veía tan distante.

     


Y es precisamente la coyuntura nacional del postacuerdo –ojalá pudiéramos decir a “boca llena” el postconflicto–, la que nos ha juntado a conversar sobre lo fundamental, sobre aquellas cosas que tenemos en común, que nos unen y que son sin duda, las que se refieren al compromiso por construir un país diferente, un país donde todos/as seamos capaces de desarmar nuestros corazones y ponernos en la tónica de reconstruir las relaciones que, en todos los ámbitos de la vida, se han roto a causa de los múltiples conflictos sin resolver, o mal resueltos, que hemos producido y heredado por décadas enteras.


Escuchar a tantos conferencistas y panelistas, no solo en su disertación teórica sobre la Reconciliación, sino además conocer y conmovernos con tantas experiencias de decenas de organizaciones e instituciones que en todo el territorio nacional están comprometidas con la construcción de un país diferente, fue realmente muy importante. En primera instancia, nos reafirmó la convicción de estar haciendo lo correcto durante tantos años y además nos afianzó la esperanza de que entre todos y todas podremos seguir construyendo el camino hacia la reconciliación. Camino que no hemos de andar solos, como lo propone J. P. Lederach. La Reconciliación no es una meta, es un camino que se recorre entre todos/as, con el otro/a, codo a codo, incluso con el que piensa distinto. Ya sabemos que no es un camino fácil, que hay vueltas y revueltas, que habrá dudas, encuentros y desencuentros, pero que el propósito y el resultado que ponemos en el horizonte siempre será más halagador que cualquier obstáculo en el camino.


La reconciliación en algo se parece a la Utopía, como dice el escritor Eduardo Galeano citando al actor y director de cine Argentino Fernando Birri: “Ella está en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré…” Sin embargo, la invitación es a que esta reconciliación que soñamos, al andar juntos, podamos ir construyéndola y la haciéndola posible. Que el horizonte nos mantenga en el camino. La Utopía como la reconciliación “sirve además para caminar”. Y caminar juntos, que es lo que tiene sentido y vale la pena (¿o la dicha?).


Nos parece además importante reiterar, como lo hicimos en el seminario que la reconciliación no es sólo un asunto personal, ligado directamente al perdón, el cual es un acto íntimo de las víctimas que toma su tiempo y que pasa por su autónoma decisión de entregarlo u ofrecerlo al ofensor. La reconciliación en el escenario del postconflicto es ante todo un asunto social y político que involucra a toda la sociedad, y que requiere el compromiso tanto de la institucionalidad como de todos y cada uno de los ciudadanos/as, quienes habremos de poner en juego toda nuestra creatividad para crear escenarios de encuentro y reconstrucción de la confianza, esa de la que habla Pablo de Greiff (la confianza cívica). Confianza en que podremos construir unos mínimos acuerdos sobre las normas y principios que regulen nuestras relaciones, las que todos/as acatamos, las cuales tienen como fundamento el respecto por el otro/as, la valoración de su vida y el reconocimiento de su dignidad. Confianza en que el conflicto es una oportunidad para aprender y crecer y No un pretexto para desaparecer al otro/a, por más que se oponga a nuestros intereses.


La reconciliación precisa mucha creatividad y trabajar en muchos aspectos. Necesitamos avanzar en la garantía de los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y la no repetición. Precisamos políticas públicas integrales de reinserción de los excombatientes a la vida civil, además construir la memoria y la verdad y posicionarlas como bien público de la sociedad. Es imperativo que el Estado recupere la confianza de la ciudadanía, diseñe programas y estrategias que garanticen la efectiva implementación de Acuerdo de Paz, que contribuyan a saldar las deudas sociales históricas con el campo y con el medio ambiente. Avanzar en la apertura democrática para que la participación de los ciudadanos/as, las organizaciones y los movimientos sea real y efectiva; en fin, trabajar en los problemas estructurarles del país.


No podría finalizar este texto, sin decir que el reto mayor está en la necesidad de producir cambios culturales para desmontar las ideas afincadas en el patriarcado que nos han llevado a la guerra, al no reconocimiento de la diferencia, a la inequidad y la exclusión, a la construcción de enemigos absolutos. La reconciliación implica mirar al otro/a y a lo otro con compasión.

 

 

 

 

 



 

 

                                                                                                                                            

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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