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Viernes, 07 Diciembre 2018 00:15

Recordando el dolor

Por: Estefanía Madrid

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Conmemoración de la toma guerrillera del 11 de diciembre de 1999 desde los sobrevivientes, San Luis Antioquia

 

“Entonces continuaron las explosiones de los cilindros bombas y se escuchaban muchos gritos de guerra, pues, de amenaza. El miedo más fuerte cuando comenzaron el intercambio de disparos con la policía, donde a mí me tocó ver que mataron a muchos de la FARC, (...) pero ellos continuaban su toma armando cilindros bomba bajo el palo de mangos que hay en el parque”.

 

Así describe la toma guerrillera del 11 de diciembre de 1999 un líder comunitario de San Luis; la cuenta como si hubiese sucedido ayer. Sus ojos se pierden en los recuerdos y en lo que no puede nombrar, porque el tiempo se lo ha llevado, o porque prefiere no contarlo.

 

Esta toma, permanece en la memoria de los sanluisanos como uno de los hechos más violentos ocurridos en la historia del municipio, cuando varios frentes de las FARC se tomaron el casco urbano, dejando como saldo final la muerte de ocho agentes de policía, el secuestro de otros cinco uniformados, el asesinato del personero municipal y de la ingeniera forestal Irma Rosa Gutiérrez.

 

Durante la incursión armada fueron destruidos el comando de la Policía, la Alcaldía Municipal, el Banco Agrario, la Registraduría e inmuebles ubicados en el parque principal.

 

“Eso fue uno de los días que más violencia y miedo sentimos los que estábamos acá cerca a ese comando, a esa Alcaldía cuando empezaron a atacarla con puras pipetas llenas de metralla. Solamente recuerda uno como quedaba de aturdido con la explosión de esas bombas tan fuertes (...) Nos tocó soportar eso como más pudiéramos, como mejor pudiéramos”.

 

Esto lo dice Reinaldo, quien para esa época era concejal del municipio y al día de hoy se define como un enamorado y conocedor de los ríos, la vegetación, los bosques y de la riqueza agrícola y pecuaria que tiene San Luis.

 

 

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“Eso fue uno de los días que más violencia y miedo sentimos los que estábamos acá cerca a ese comando, a esa Alcaldía cuando empezaron a atacarla con puras pipetas llenas de metralla. Solamente recuerda uno como quedaba de aturdido con la explosión de esas bombas tan fuertes (...) Nos tocó soportar eso como más pudiéramos, como mejor pudiéramos”.

 

Esto lo dice Reinaldo, quien para esa época era concejal del municipio y al día de hoy se define como un enamorado y conocedor de los ríos, la vegetación, los bosques y de la riqueza agrícola y pecuaria que tiene San Luis.

 

Como a muchos sanluisanos a Reinaldo le tocó vivir en carne propia las inclemencias de la toma guerrillera. Cuenta con gran efusividad y tristeza, como él y su amigo Humberto Díaz sintieron amenazadas sus vidas cuando les tocó refugiarse durante toda la tarde en la oficina de la Unidad Municipal de Asistencia Técnica Agropecuaria (UMATA), soportando los gritos de guerra, huyendo de las bombas, de las esquirlas de los ventanales rotos por los impactos, de la nube negra de terror y de gas lacrimógeno que cubría al pueblo; todo esto, sumado al vacío que da la incertidumbre de no saber nada de su esposa y de sus tres hijos.

 

Entre las víctimas de la toma guerrillera estuvo el personero Mauricio León, quien es recordado como un gran líder con vocación por el trabajo comunitario. También, se recuerda con tristeza a la señora Irma, quien se encontraba en embarazo y para ese entonces, era la jefa de la UMATA.“Doña Irma era una persona carismática, dedicada a su trabajo, honesta, muy correcta, siempre el concejo en pleno la felicitaban por su gestión como jefa de la UMATA” añade, Reinaldo. 

 

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Por otro lado, don Antonio (un arriero de nacimiento, con su mirada puesta en lo infinito, se define como un amante de las mulas), él, con el dolor que refleja su rostro, recuerda los tiempos del conflicto armado y la toma guerrillera en el pueblo; afirmando que fueron momentos donde la vida se le desdibujaba con cada amanecer, donde el miedo era una constante, donde no había garantías de despertar y donde el silencio era la mayor certeza para sobrevivir.

 

Él nombra, con el río en sus ojos, a su hermano Gilberto de 30 años, quien fue un hombre cariñoso, comprensivo y generoso; al que la guerrillera mató en la vereda la Tebaida. “Son cosas que son muy duras. Él trabajaba conduciendo una buseta. Él vivía con mi mamá, era el que veía por ella y, lo mataron delante de ella. Él venía de donde la novia, ella vivía por allá para la salida de Granada. Él llegó a las 11:00 de la noche, estaban matando un muchacho allá en la salida, y luego fueron a la casa y allá lo mataron”, agrega.

 

La toma guerrillera dejó recuerdos aún sin sanar y preguntas cargadas de dolor. Las víctimas buscan entender por qué su ser querido no está y reparar el dolor de recordar las ruinas de las calles del pueblo que los vio nacer.

 

Vivir el despojo del río

 

“Nosotros, en ese tiempo no bajábamos al rio, ¡bendito! a uno le daba miedo hasta salir a la calle. Uno salía, pero no sabía si volvía. Hubo muchas disputas de la guerra en el río. Aquí casi todo al que se lo llevaban lo tiraban al Samaná. Las historias decían por ahí que un señor que vivía junto del cruce (...), se lo llevaron, lo mataron y quedó en unas piedras”.

 

“Fueron muchos los que tiraron al Samaná, en el puente los recogían y allá los asesinaban”, agrega un habitante de San Luis. El conflicto armado, también influyó en las formas como los Sanluisanos se relacionaban con el río y su territorio. San Luis, está ubicado en medio de un ecosistema de gran biodiversidad con muchas especies silvestres, algunas de ellas endémicas. El municipio, cuenta con piscinas naturales y varias cascadas que forman el río Dormilón, el cual atraviesa gran parte de las veredas, hasta desembocar en el río Samaná Norte.

 

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En los tiempos del conflicto los grupos armados se disputaban el territorio, impidiendo que los habitantes del municipio disfrutaran de los charcos y los bosques. Para los Sanluisanos, los ríos son una de las características más emblemáticas de su territorio; por lo cual, no haber podido habitar su ecosistema por el miedo de ser asesinados en el intento, también se convirtió en una huella imborrable en su memoria. “Los ríos son los testigos, ellos se tragaron a más de uno” concluye don Reinaldo.

 

“No solamente las FARC sino que después era corredor de las Autodefensas, también los Elenos (...) nos prohibieron entrar a los bosques y al río, a disfrutar de ellos y caminar por donde nos provocara (...) porque sí, era miedoso meterse uno al bosque, aunque uno no le tuviera miedo al bosque ni al río; pero uno no sabe con quién se iba a encontrar. Muy verraco uno tener que abstenerse de lo que le gusta hacer”.

 

Por otro lado, algunos campesinos manifiestan que debido a las fumigaciones con glifosato para contrarrestar los cultivos ilícitos que sembraron los grupos armados; hoy son todavía evidentes las afectaciones del suelo; ya que este herbicida intoxica la tierra por un largo periodo; afectando no solo la flora y la fauna del territorio, sino contaminando las cuencas y afectando la economía campesina de algunos habitantes.

 

Sin embargo, reconocen también que algunos grupos armados, protegían los bosques de la deforestación, porque estos regulaban la tala los árboles que muchos campesinos vendían la autopista Medellín-Bogotá.

 

Algo que tampoco se olvida en San Luis, fueron los desplazamientos forzados que se dieron antes y después de la toma guerrillera. El abandono de las tierras a raíz del miedo y las amenazas directas por parte de los grupos armados; quedando en total desolación algunas veredas del municipio y despojando a los campesinos de su proyecto de vida.“Nosotros somos desplazados en dos veces de la Tebaida. Regaron panfletos y nos dijeron que nos teníamos que ir, desocupar. (...)Nosotros volvimos. A los dos meses otra vez, el mismo rumor, y ahí sí, yo le dije a la señora que teníamos que irnos con los animalitos y todo. Después de aquí, cuando mataron al hermano mío, nos tocó irnos para Medellín porque a nosotros nos iban a matar también. Nosotros somos 3 arrieros, por allá por belencito corazón, imagínese usted” añade don Antonio.

 

Definitivamente, haber vivido desde el río la incertidumbre de no poder habitar con libertad sus aguas y sus montañas, observar el deterioro de la tierra por exterminio de los cultivos ilícitos, padecer el desplazamiento forzado que modificó las formas de relacionarse con los otros; hizo de San Luis, un territorio que se confundió con el dolor y el silencio pero que sobrevivió para defender sus ríos y renacer de las ruinas.

 

La vida, la sobrevivencia y la esperanza

 

“Hoy cuento esto con menos dolor porque yo fui un sobreviviente como muchos de mis amigos que ese día gracias a dios nos pudimos librar. Apenas hoy vine a caer en cuenta que hay que celebrar que yo soy sobreviviente de esa toma. Hoy comienzo a robarle ese espacio que ocupa en el corazón los miedos, temores y recuerdos tristes, para que entre un poquito ya como la moral, la motivación. Es que tengo mil razones para estar cantando, estar bailando, estar gozando la vida, ¿no? Lo más importante de la vida es uno mismo; entonces trataré ahorita de permitirme a mí mismo celebrar que estoy vivo”.
Sobreviviente de la toma guerrillera, de San Luis

 

 

Mucha esperanza, solidaridad y resiliencia son valores que caracterizan a los Sanluisanos, después de 19 años de la toma guerrillera. Un pueblo que ha renacido de las cenizas y que reconoce, se apropia y defiende su patrimonio ambiental. Un pueblo que se juntó en los tiempos álgidos del conflicto a atender a 1.200 personas desplazadas del corregimiento de Aquitania; un pueblo que llora sus muertos, pero que está consciente de la importancia de sobreponerse para retornar a sus tierras, para reconstruir su proyecto de vida a través de la economía campesina, y para encontrar a sus desaparecidos.

 

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“Tenemos varios motivos y muy importantes para andar con la cabeza en alto y empezar a meditar en las acciones nuestras para que realmente le estamos aportando a una nueva etapa de la vida, una etapa donde ya no hay zozobra tan eminente en nuestras narices y disfrutemos, disfrutemos”.
habitante de San Luis, sobreviviente de la Toma

 

Hoy, el miedo ya no es una constante y la incertidumbre de morir violentamente por un fusil se ha ido desvaneciendo. Hoy, ellos pueden caminar por senderos que eran impensables recorrer años atrás. Hoy nadan, se juntan y se aman en sus ríos, en los bosques, en el parque, en el palo de mangos donde antes se camuflaban los cilindros que devoraron todo lo que eran. Hoy, pueden sembrar árboles recordando y conmemorando a sus muertos, pero esto no les impide recordar que respiran, que le ganaron una batalla a la muerte, que están vivos, que son sobrevivientes dignos de la felicidad, conscientes de ser amos de su vida. Hoy ellos agradecen y afirman, como lo hace la poetisa Gloria Fuentes que “la muerte es quedarse solo, mudo y quieto, y no poder gritar y celebrar que sigues vivo”.

 

 

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