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Viernes, 26 Febrero 2021 14:27

El camino comienza con nuestros pasos

Por Luisa Fernanda Rendón López, asesora territorial en la línea Paz y Reconciliación de Conciudadanía

 

“La paz para mí es el estado de calma,

de una persona, de una familia, de una región y de un país.

La paz es la tranquilidad que se consigue con la práctica de valores,

como el amor, el perdón, la tolerancia, la solidaridad, el respeto y la honestidad.

Y con unas mejores condiciones de vida”.

Martha Cecilia Berrío.

Provísame del municipio de Caicedo

 

 

 Martha Cecelia Berrío

 

En este artículo discurren las voces de cuatro mujeres y dos hombres que hacen parte de los procesos: Círculos de Convivencia, Promotoras de Vida y Salud Mental - PROVÍSAME y los Colectivos de Memoria de las subregiones de Oriente, Occidente y Suroeste de Antioquia, promovidos por Conciudadanía en estos territorios. Ellas y ellos nos comparten sus experiencias como líderes y lideresas que trabajan en pro de la paz, la reconstrucción de las memorias del conflicto armado, la defensa de los derechos humanos y la manera en que la pandemia transformó las formas de relacionarse y de trabajar en los territorios.

 

Las palabras de Mariana Moncada, Gloria Amparo Bohórquez, Martha Cecilia Berrío, María Eugenia López, Johan Sebastián Rendón y Oscar Alonso Higuita, inspiran nuestras reflexiones, acompañan nuestro trabajo e impulsan los pasos en este camino hacia la participación ciudadana y la construcción de paz.

 

Paz: entre la pandemia y la virtualidad

 

La paz como un camino posible, comienza como un acto individual y cotidiano, como una decisión personal que busca construir, como nos dice Mariana Moncada: “un estado interno del ser, al que aspiramos la mayoría de personas. El deber ser es el compromiso de actuar desde la armonía, respeto con todo en cada escenario en el que nos desenvolvemos”1.

 

Mariana Moncada

 

Para John Sebastián Rendón, “la paz tiene un significado amplio y es el que cada persona le encuentra desde sus propias construcciones sociales, culturales, políticas y económicas, elaborando y adoptando sus referentes de paz, así como sus apuestas y acciones; primero de una manera íntima y personal, y luego desde una construcción colectiva, a modo de red, de tejido, de círculos de acción” 2.

 

Johan Sebastían Rendón

 

 

En los procesos territoriales que acompañamos en Conciudadanía, la paz se proyecta desde lo personal a lo colectivo. Se comprende que la paz es a la vez un deber y derecho, y que por ello es importante educar para la vivencia de éstos desde lo individual, pasando por la familia y luego unir fuerzas, ideas y acciones en lo público y en lo político, “para que los derechos sean hechos”.

 

Así lo presenta Óscar Higuita, cuando dice que la paz es “estar en armonía con lo espiritual, tener mi consciencia tranquila y contribuir a la comunidad, construyendo cada día una sociedad más independiente y con una visión de desarrollo hacia el futuro en el ámbito cultural y democrático”3.

 

Oscar Alonso Higuita

 

Nuestros territorios en la virtualidad

 

“(…) mi comunidad está conformada por gente resiliente,

que ha sabido superar los tragos amargos de la guerra y está pensando de una manera proyectiva, hacia adelante, hacia el futuro. Aquí se vive la paz con acciones de movilización, defendiendo nuestro propio territorio o defendiendo el río sin armas, solo con las palabras y con acciones de paz”.

Gloria Bohórquez.

Colectivo Memorias que Unen de San Luis.

 

 

Gloria Amparo Bohórquez

 

La pandemia evidenció, con mucha más fuerza que antes, que las construcciones colectivas, el trabajo por la memoria del conflicto armado y la defensa de los derechos humanos se cimientan fundamentalmente en los sueños, las apuestas y los proyectos de vida de hombres y mujeres que con convicción se juntan, se complementan y unen sus esfuerzos para acompañar procesos pedagógicos encaminados a la construcción de paz desde los territorios.

 

Sin duda, el aislamiento al que nos vimos sometidos, fisuró algunos lazos comunitarios, nos sorprendió, nos puso a pensar de otras formas y nos llevó a valorar de manera diferente las relaciones que dábamos por sentadas con el mundo en general y con nuestros pequeños mundos familiares y comunitarios. Así lo expresa María Eugenia López: “La pandemia generó un cambio muy brusco en todas nuestras comunidades, porque veníamos haciendo un trabajo, unas reuniones conjuntas donde nos reuníamos como comunidad y el hecho de generarse un confinamiento, un encerramiento, tuvimos que dejar de lado todas esas actividades sociales. Entonces, ese trabajo en pro de la paz cambió mucho y se atrasó, diría yo, porque muchas de las personas que participan de estos espacios, son personas de bajos recursos económicos, que no tienen acceso a internet, que no tienen acceso a un celular de alta gama mediante el cual se puedan conectar a diferentes espacios virtuales4” .

 

María Eugenia López

 

El confinamiento social expuso la brecha que existe en los municipios para el acceso a la conectividad, a la posibilidad de contar con equipos y conocimientos que permitan una comunicación fluida desde la virtualidad. Y es que tal como afirma Johan Sebastián Rendón, esto lo podemos “notar con los estudiantes de la ruralidad que aún no cuentan con un acceso o muchas veces el mismo municipio, en su zona urbana, no cuenta con un internet estable (…). Entonces la virtualidad se puede prestar en cierto modo, pero es también mirar esos pros y esos contras que tiene”5.

 

Esta precariedad nos llevó a buscar nuevas posibilidades de encuentro, de resistencia pacífica y de movilización ciudadana ajustada a los contextos. Fue así que, con estrategias como los micro videos, los podcasts, el fotolenguaje, los talleres virtuales e incluso el acompañamiento telefónico, pudimos sostener los lazos, acompañarnos y tramitar las emociones, los temores, tanto los personales como los que se fueron acumulando ante el alarmante panorama nacional: el aumento del desempleo, la violencia intrafamiliar, los feminicidios, las masacres de los jóvenes y, sumado a todo esto, la dilatación en la implementación del Acuerdo de Paz.

 

Seguimos enfrentándonos al gran reto de continuar construyendo la paz en Colombia, desde nuestras comunidades campesinas y desde los municipios en los que habitamos. Ante lo cual surgen distintas preguntas que nos apremian a reflexionar y resolver: ¿Cómo contribuir a la construcción efectiva de una cultura de paz en esta “nueva normalidad”? ¿Cómo lograr una paz que no sea exclusivamente virtual? ¿Cómo unir otros pasos a la paz, no como fin sino como un camino posible?

 

Referencias

 

1. Mariana Moncada, comunicación personal, 12 de octubre de 2020.

2. Johan Sebastián Rendón, comunicación personal, 12 de octubre de 2020.

3. Oscar Alonso Higuita, comunicación personal, 12 de octubre de 2020.

4. María Eugenia López, comunicación personal, 13 de octubre de 2020.

5. Johan Sebastián Rendón, comunicación personal, 12 de octubre de 2020.

 

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