Nariño y yo
Diana Elisa Sánchez M
publicado en el Periódico El Gran Precursor
Nariño – Antioquia
Es ameno para nosotros recordar y celebrar las fechas especiales, pero más aun cuando se trata de hechos que por ser agradables han marcado nuestras vidas.
Hoy no es esa situación. Hoy, estamos conmemorando una fecha que, por ser tan dolorosa, dejó huellas que el tiempo y otros acontecimientos aparentemente han borrado, pero que siguen ahí tan profundas y dolorosas como lo fueron el día que, sin saber por qué, fuimos asaltados, agredidos en nuestro entorno, el cual nos parecía tan seguro, tan tranquilo, que a veces nos causaba tedio tanto sosiego.
Si no éramos muy felices, tampoco éramos los más desgraciados, pero en unos minutos, en unos segundos tal vez, nos hicieron sentir el pánico, el temor, la angustia, una cantidad de sentimientos que en nuestro alrededor sólo se nos hacía posible que sucedieran en las películas de terror o en países del Medio Oriente.
Pasamos a ser víctimas de una violencia que no entendíamos, tuvimos que pagar una cuota demasiado alta por algo que no debíamos. Entregamos a nuestros seres queridos, amigos y conocidos con el dolor más intenso, en el abandono más horrible y sin entender por qué.
Perdimos, en unas horas, lo que nos había tomado años a nosotros y a nuestros antepasados construir. No sólo derrumbaron nuestras casas, también allí cayeron nuestros sueños, nuestras ilusiones, todo aquello que creíamos eterno y propio.
Que sea hoy nuestra manera de conmemorar, unirnos todos en un abrazo, como lo hicimos el día después, unirnos en una oración salida del corazón, como lo hicimos el día que, literalmente, fuimos todos a despedir a nuestros muertos.
Pero lo más importante es que nuestros corazones, aunque dispersos, siempre estén unidos para salir adelante como una gran familia, que a pesar de las adversidades y con heridas se impone firme para realizar sus sueños y, como el ave fénix, surgir de las cenizas para no renunciar a ellos.
Un fuerte abrazo para todos.
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leer másDiez años de dolor y lágrimas
Goliath Pérez Pulgarín
Director – Periódico El Gran Precursor
Nariño – Antioquia
El pasado 30 de julio, los nariñenses con lagrimas en los ojos, pero con un corazón revestido de mucho valor y coraje, conmemoraron 10 años de dolor y lagrimas, causado por la incursión guerrillera, protagonizada por uno de los grupos armados y también desalmados, que tenían como centro de operaciones el suroriente antioqueño.
Muchas familias aún no han despertado de esa dura pesadilla, la cual solo les dejó orfandad y desolación; es largo el inventario de pérdidas humanas y materiales que quedó como producto de tan demencial acontecimiento, del cual “no quisiera ni acordarme”, como lo escribiera un poeta, y como lo dijera Luís Alfonso Hoyos Aristizábal, el viernes 18 de julio en el corregimiento de Pueblo Nuevo, Caldas. “Dejaron de correr los ríos de agua viva y corrieron ríos de sangre. Ya no crecían los cultivos agrícolas, pero si crecían los cultivos de la maldita coca y también crecían los cementerios con los cadáveres de laboriosos campesinos y de niños inocentes que perdieron la vida en una guerra sin nombre, debido a la irresponsabilidad de unos pocos que se prestaron para este juego fatal, y no tuvieron el valor civil de denunciar a tiempo”.
La ingenuidad de los habitantes de una región tan productiva como la nuestra, fue el abono para que creciera la mala intención y se sembrara la mala semilla de lo que luego se convirtiera en tristeza y dolor, todo por la ambición desmedida de unas cuantas personas, quienes apoyadas en las buenas intenciones de incautos campesinos, accedieran para convertir sus cultivos de comida para sus hijos, en cultivos ilícitos que fortalecieran la ambición económica de unos pocos bolsillos a cambio de la guerra, la que a la postre, dejaría como resultado, lo que hoy estamos observando con preocupación: viudas, huérfanos y desplazamientos forzados.
10 años después, se contempla una nueva luz en el horizonte, una luz de esperanza que ilumina los caminos de los habitantes de esa desvencijada región, la que a pesar de las dificultades, no ha perdido la esperanza y ya comienza a recuperarse con dificultad, de tanto dolor, lagrimas, desolación y pobreza. Algunos programas de Estado, a través de Acción Social de la presidencia de la república, han aliviado en parte la situación, especialmente en lo material: familias guardabosques y familias en acción, son algunos de esos programas que han permitido calmar el hambre de muchos hogares colombianos, mientras el campesino vuelve al surco de su parcela, a sembrar comida para sus hijos y a cosechar esperanzas.
De esos tres días y noches de hace 10 años en Nariño, todavía quedan secuelas, unas huellas que difícilmente se borrarán con el paso del tiempo. Una historia triste que las nuevas generaciones deben conocer. Como dijera el pensador norteamericano, “quien no conoce su historia, está llamado a repetirla”.
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leer másNariño conmemoró 10 años de su peor tragedia
Tomado de:
Inforiente / Antioquia, lunes 3 de agosto de 2009.
Escrito por Emiro Marín Carvajal.
El viernes 30 de julio de 1989, al promediar las 4 de la tarde, un grupo de aproximadamente 1.000 guerrilleros, de los frentes 47 y 9 de las Farc, reforzados con guerrilleros procedentes de diferentes frentes, utilizando todo tipo de armas, se tomó a sangre y fuego la población de Nariño en el Oriente Antioqueño. Los combates duraron 36 horas mientras agentes acantonados en la estación de policía resistieron hasta agotar su munición. El fatídico saldo fue de 7 policías muertos y 11 heridos; 7 civiles muertos y 13 heridos; ocho agentes secuestrados y toda la población sumida en el terror y la impotencia. Para conmemorar este decimo aniversario durante el fin de semana se realizaron actividades orientadas a resaltar el valor de la vida a través de la lúdica, la música, la recreación y el arte. En la foto Orlando Mediana, quien era el Alcalde en aquella época, observa la exposición de memoria a través de los recortes de prensa de aquella época.
Los actos conmemorativos fueron expresiones de no violencia en los que se utilizaron herramientas metodológicas que contribuyen a entender el conflicto y a encontrar caminos para la superación con talleres realizados en la cabecera municipal y el corregimiento de Puerto Venus. El mimo “Pillin Pillao”, mediante actividades lúdicas entregó a los niños lecciones de valores humanos, tolerancia y respeto por la vida.
Como acto central de la celebración, el sábado 9, un desfile con la participación de los funcionarios públicos, estudiantes, magisterio, Policía Nacional, sociedad civil y victimas; recorrió las principales calles de la población, inició en la placita, luego subió hasta la plaza, continuó hacia la bomba, a la urbanización La Capilla, luego al parqueadero hasta llegar nuevamente a la plaza principal, donde se realizó un acto protocolario de recordación.
“Hoy después de 10 años hemos superado totalmente el daño físico y moral, aun hay dolor y coraje, pero es está la oportunidad para hacer un acto de memoria en honor a las víctimas y sus familiares y que sea el Dios del cielo el que los tenga gozando de la verdadera paz, la paz eterna”. Fueron las palabras del Alcalde Roberto Eli Muñoz Betancur.
El Alcalde, expresó que estos acto son una conmemoración pedagógica que conduce al compromiso serio para que hechos de este tipo no se repitan, para que Nariño nunca más vuelva a tener una tragedia como aquella de julio de 1999.
“Pero hace también 10 años exactamente que nos dimos a la terea de sobrevivir y fue en ese momento donde se generó el sentido de resurgimiento que hoy por hoy queremos valorar y mostrar a los colombianos, pues desde un principios acompañamos solidariamente a nuestros hermanos. Iniciamos la reconstrucción física y moral de nuestro pueblo y de nuestra comunidad, y fueron muchas las personas que se antepusieron a su propio dolor para trabajar dignamente, algunos que ya no están con nosotros pero otros en cambio que nos siguen apoyando y acompañando”, agregó el alcalde.
Muñoz manifestó su reconocimiento a los alcaldes que lo han antecedido, al igual que a tantas personas que con el tesón de la resistencia civil hicieron posible la recuperación de Nariño, a la vez que hace un llamado a la juventud para que retome le ejemplo y no dejen que la llama de la vida se vuelva a apagar en el territorio y por el contrario la hagan brillar con mayor intensidad.
Por su parte, Orlando Medina Torres, quien fuera el Alcalde en aquella época de la toma guerrillera, expresó el dolor y el terror que le correspondió vivir durante aquellos tres fatídicos días, “Momentos de angustia permanente y terror penetrante que nos envolvía en un espacio sin tiempo ni final, deseaba uno tener alas volar o volverse diminuto para esconderse en lo más profundo de nuestra madre tierra; tal vez los deseos más fervientes de gritar o de llorar frente a la impotencia, aún con la gota de esperanza…”
“Las secuelas de esta incursión guerrillera, fueron mucho más profundas, porque ante la indiferencia y el silencio mudo del gobierno de turno, la población quedó en el completo olvido, violentándose un derecho fundamental… la libertad a vivir con tranquilidad y dignidad. Hoy estamos aquí para mostrar que las cosas han cambiado y han mejorado, para despojarnos de cualquier gota de odio y rencor, para perdonar a aquellos seres que con un bajo nivel de conciencia han cometido el error de sumarse a una guerra absurda y sin sentido que no trasciende más allá de la desolación y la muerte” agregó Medina.
Con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo –PNUD, en la noche del sábado la población disfrutó de un concierto con el cantautor John Harold Dávila, quien con su guitarra y su voz hizo estremecer a quienes allí estaban, cantó melodías como Tango mortal, Únete a la fuerza de la paz, Cuándo volvemos a casa?, La pena del hombre y la tierra; canciones que remueven recuerdos, penas y sufrimientos; pero sobretodo, que siembran caminos de esperanza.
La conmemoración ha sido un acto simbólico de homenaje y reconocimiento a las víctimas y a las personas que hace 10 años vivieron uno de los episodios más crueles de su historia cuando vieron correr la sangre de sus hermanos por las calles de su pueblo que también yacía en ruinas y desolación.
Fueron 36 desalentadores horas, acompañadas sólo del horror y barbarie, fue tanto el daño que aun hoy se siente pavor, aquel día cayeron amigos, hijos, hermanos y tras ellos desapareció la felicidad de un pueblo humilde y trabajador.
Le queda al pueblo nariñense la tarea de trabajar por la recuperación de la memoria histórica como un acto de homenaje a las víctimas, a sus sueños, a sus familias y amigos. Reconstruir la memoria no es para generar odios y rencores, por el contrario, es para restaurar la dignidad de las víctimas, derribando los muros del silencio contra la impunidad, exigiendo los derechos que tienen los familiares de las víctimas y la sociedad en su conjunto a la verdad, la justica y la reparación integral con garantía de no repetición.
Benjamín Cardona de Conciudadanía, llamó la atención sobre la importancia de actos de conmemoración como este, recordó que uno sólo se muere cuando lo olvidan, llamó la atención para ayudar a aquellas personas que aun no logran superar el dolor. Cardona recordó que “si bien en este municipio alias “Karina” proclamó el Frente Bolivariano, también fue en este municipio donde se proclamo la Asamblea de la Ciudadanía por la Paz de Nariño, que le enseño al Oriente y le enseño a Colombia como cuando la esperanza es mayor que el miedo surge el valor y los nariñenses pudieron reunirse y pudieron confrontar a las Farc y pedirle respeto y trato con mayor dignidad”.
Cardona agregó, “Yo sueño una celebración en la que aquí venga Karina, no a hablarle al pueblo con la arrogancia que lo hizo, sino a escuchar el pueblo y que eso sea cuando el pueblo tenga la capacidad de hablar de forma no violenta y ella tenga la capacidad de escuchar, para que construyamos la reconciliación”.
“Con democracia, con reconciliación, con equidad, otro Oriente, otro Nariño es posible”.
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