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- 13 de marzo de 2026
Tejidos que sostienen la paz: reflexiones de Voces que tejen paz

Por Johan Higuita
Responsable Gestión del Conocimiento de Conciudadanía
El encuentro Voces que Tejen Paz dejó una conclusión central: Colombia está llena de iniciativas valiosas que buscan aportar a la paz, pero estas siguen funcionando como hilos sueltos, sin lograr convertirse en un tejido resistente y duradero. Lo que se hizo evidente es que el país no necesita más hilos, sino un gran telar que permita unirlos. La metáfora de la puntada pendiente acompañó todo el encuentro, recordándonos que la paz no depende de un acto aislado, sino de una construcción colectiva y paciente. Aquí compartimos los principales ejes de la conversación durante el seminario:
Muchos hilos, poco tejido
El primer gran consenso fue el reconocimiento de un problema estructural: la enorme cantidad de iniciativas de paz que existen en el país no logran articularse entre sí. Cada sector (comunitario, público y privado) trabaja desde su propia lógica, ritmo y lenguaje. Aunque los propósitos se parecen, las rutas raras veces coinciden. La consecuencia es un territorio plagado de buenas intenciones, pero sin una estrategia común que permita escalar resultados.
La desconfianza apareció como la raíz de esta fragmentación. Una desconfianza que opera en varios niveles. En el plano institucional, muchas comunidades sienten que las instituciones públicas han sido ausentes o intermitentes, especialmente en zonas históricamente afectadas por la violencia y la ilegalidad. En el plano interpersonal, los asistentes reflexionaron sobre las “máscaras” que cada sector utiliza: imágenes preconcebidas que reducen al otro y bloquean el diálogo. Las comunidades, por ejemplo, pueden ver a las empresas como actores extractivos y distantes, mientras que algunas instituciones pueden ver a la ciudadanía como grupos difíciles de gestionar.
A esto se suma la evidente asimetría de capacidades. No todos los actores tienen los mismos recursos, conocimientos o tiempos para sumarse a procesos colectivos. Lo que para una institución puede ser un trámite sencillo, para una organización comunitaria puede implicar meses de trabajo voluntario.

Humanizar al otro
Frente a este panorama, el encuentro sostuvo una idea poderosa: la paz no empieza en las políticas públicas ni en los planes estratégicos, sino en la posibilidad de humanizar al otro. La confianza, elemento base para cualquier alianza, no se decreta, se construye a través de encuentros reales.
La noción de “paz cotidiana” fue clave en este punto. Esta idea desplaza la mirada de la paz como un evento a la paz como una práctica diaria. Empieza en la forma en que tratamos a quienes piensan distinto, en la manera en que resolvemos conflictos pequeños y en nuestra capacidad para romper patrones de violencia aprendidos. La paz cotidiana no sustituye la paz institucional, pero la sostiene.
Varias experiencias relatadas durante el encuentro lo demostraron. Una intervención destacó cómo una casa marcada por el miedo y el dolor podía convertirse en un espacio de encuentro y reconciliación. Esta transformación simbólica fue leída como evidencia de que la sanación personal y la sanación comunitaria son procesos interdependientes. Allí donde alguien decide cuidar, acompañar y reconstruir, se abre un espacio para tejer confianza.
Humanizar al otro implica quitarse las máscaras, abandonar la lógica del prejuicio y abrir la puerta a relaciones más horizontales. Para muchos asistentes, esta es la primera puntada que debe darse para romper el ciclo de fragmentación.
Tres hilos indispensables del tejido: sociedad civil, sector público y sector privado
El encuentro también permitió identificar que la paz no puede edificarse desde un solo sector. Se requiere una alianza profunda entre tres actores que aportan de manera distinta al tejido social.
1. Sociedad civil: el ancla territorial
Las organizaciones comunitarias poseen un conocimiento profundo de sus territorios. Permanecen incluso cuando los proyectos terminan y los recursos se agotan. Su legitimidad proviene del arraigo y de la experiencia vivida. Son, en muchos sentidos, el corazón del tejido social y el motor de las transformaciones locales.
2. Sector público: articulador y garante de derechos
El Estado no solo ejecuta programas: crea las condiciones habilitantes que permiten que las demás iniciativas prosperen. Esto implica políticas claras, territoriales y sostenibles; espacios de participación; articulación entre niveles institucionales; y continuidad más allá de los ciclos electorales. Su papel es servir como telar donde los hilos diversos pueden encontrarse.
3. Sector privado: motor de sostenibilidad y oportunidad
Las empresas aportan recursos, eficiencia y capacidad de gestión. Cuando asumen una relación responsable con los territorios, pueden convertirse en aliados estratégicos de la paz. Su contribución va más allá del empleo: consiste en construir relaciones de confianza y apostar por desarrollos que fortalezcan el bienestar colectivo.
La idea central es que ninguno de estos sectores puede sustituir a los otros. La paz se logra cuando los tres hilos se entrelazan.

Pasos concretos para dar la puntada juntos y juntas
El encuentro también delineó una hoja de ruta para avanzar hacia alianzas reales y sostenibles:
1. Construir un imaginario compartido de futuro
Metas como la sostenibilidad ambiental, la protección de la vida o la reducción de desigualdades deben ser objetivos comunes que ningún actor pueda alcanzar por sí solo.
2. Tejer conversaciones y gestionar conocimiento
La comunicación de las iniciativas de paz y la sistematización de experiencias permiten que los aprendizajes no se pierdan y que las buenas prácticas puedan replicarse y articularse.
3. Garantizar compromisos de largo plazo
Los cambios sociales requieren tiempo. La construcción de paz necesita estructuras que sobrevivan a los ciclos de proyectos y gobiernos. Sin esto, la paz no puede ser sostenible.
La principal enseñanza de Voces que tejen paz es que la paz no llegará como resultado de esfuerzos aislados. La paz se teje: con muchas manos, desde múltiples orillas, puntada a puntada. La puntada pendiente (la alianza profunda entre comunidad, Estado y sector privado) no es un deseo simbólico, sino una necesidad urgente. Solo cuando los hilos se unan en un telar común, Colombia podrá transformar sus esfuerzos dispersos en un verdadero tejido de paz duradera.
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