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Diálogos entre mujeres para establecer puentes intergeneracionales

Hace unos días, me encontraba en un taller con mujeres de un municipio del Oriente antioqueño cuando, en medio de la conversa sobre las brechas históricas de género y las desigualdades entre las mujeres y los hombres...

Por Alba Lucía Gómez Zuluaga, asesora en la línea Democracia Local de Conciudadanía

Hace unos días, me encontraba en un taller con mujeres de un municipio del Oriente antioqueño cuando, en medio de la conversa sobre las brechas históricas de género y las desigualdades entre las mujeres y los hombres, tomó la palabra la mujer más joven del grupo y dijo: “Yo no me se he sentido discriminada en ningún lugar a donde he ido, ni por las personas con las que he interactuado”. Mientras la escucho, analizo el contexto de la joven para comprender su historia: es una mujer que viste blue jean, estudia en la universidad, usa métodos anticonceptivos y vota en los días de calendario electoral; es probable que no haya conversado a fondo con su madre, abuela o tía de cómo vivieron las brechas de género en su juventud cuando, por ejemplo, el acceso a la educación pública era aún más difícil para las mujeres que hoy, un derecho para el cual apenas el 8 de marzo de 1948 se inició un nuevo  marco jurídico en el panorama global. Tal vez su caso particular se deba a que, su círculo de amigas y amigos no son de la zona rural o de los sectores más pobres de su municipio.  

Luego tomó la palabra otra mujer, un poco mayor que la anterior, ya mamá y profesional, quien comentó: “mi hija tiene nueve años y dice que hay que luchar por los derechos de todas las niñas y las mujeres para que puedan hacer muchas cosas como las pueden hacer los niños”. Luego contó que su madre se acababa de graduar de bachiller y que ahora quería hacer carrera universitaria a sus 55 años. En su relato descubro que su contexto ha sido otro y que, además en diversas ocasiones, ha hecho parte de los procesos de empoderamiento de las mujeres: “a mi mamá, a mí y a mi hija nos marcó el proceso “De la casa a la plaza”, recordaba.  

Contrastando ambas intervenciones, se avivó aún más en mí la necesidad de fortalecer los espacios de formación que desarrolla Conciudadanía en el territorio mediante el diálogo de saberes intergeneracionales, los cuales permiten nutrir con anécdotas, sentires y experiencias de vida, la vivencia de los derechos de las mujeres en Colombia, por lo menos de aquellas que acompañamos desde la Línea de Democracia Local de la Corporación. Posibilitar puentes que abran la puerta para empatizarnos con la realidad de tantas mujeres en Colombia, para quienes los derechos siguen siendo aún privilegios por el contexto en el que nacieron y crecieron.

Carencia de espacios para el encuentro

Hasta hace algunos años muchas mujeres estaban, en gran porcentaje, trabajando en sus casas o en las casas de otras familias, especialmente en las cocinas dedicadas atender a los miembros de la familia o al cultivo para la seguridad alimentaria. Estas labores que, además de carecían de una valoración social sobre su significado para la vida, la economía familiar y la transmisión cultural, las mantenían excluidas y distantes de la vida social, pública y de los escenarios políticos donde se toman las decisiones estructurales del país, los cuales han sido históricamente asignados a los hombres. Hoy, como resultado de las luchas feministas que por décadas las mujeres han librado, las mujeres hemos ido abriendo espacios en estos escenarios de toma de decisiones, aún con aspectos estructurales y culturales por resolver, pero por lo menos “ya estamos” allí. Muestra de ello es que en Colombia exista hoy día el Movimiento Estamos Listas, 100% integrado por mujeres y que desde 2020 cuenta con una Concejala feminista electa en el Concejo de Medellín, con una agenda plena que recoge las propuestas de más de 1700 mujeres del país.

De estas condiciones  de encierro en las labores de cuidado o de supervivencia que cada mujer  desempeñaba en su hogar, se desprende un hecho: existían pocos escenarios para la socialización y el encuentro entre ellas como pares, lo que pudo desembocar en una marcada dificultad para que las mujeres nos relacionáramos  de manera horizontal con otras mujeres, entre otras cosas porque el patriarcado, para mantenerse, ha sembrado entre nosotras un sentimiento predominantemente de envidia y competencia.  De allí la urgencia por avivar los encuentros “entre mujeres” como una práctica política feminista, pensada como un espacio para establecer y fortalecer los vínculos entre pares, con experiencia similares en lugares y tiempos distintos; un acto de resistencia, de construcción de confianza y autoridad entre mujeres y, además, de deconstrucción del patriarcado.

Las mujeres se construyen en el diálogo

Desde Conciudadanía entendemos, como método, que el encuentro y la comunicación entre las diferentes edades pasa por un desencuentro y cierta indiferencia, algo apenas obvio cuando dos personas con una brecha generacional se enfrentan a descubrir el mundo de la otra. Por esto, y para armonizar la brecha, hemos implementado espacios de diálogo intergeneracionales amorosos y didácticos, como una “pedagogía de la palabra para la vida”. En estos espacios se  promueve una convivencia pacífica, respetuosa de la diferencia y de la singularidad, valores intrínsecos de la dignidad humana, para facilitar el encuentro de las jóvenes con otras mujeres adultas; lo que permite un acercamiento mágico y un encuentro con un pasado que marca nuestro presente y determina nuestro futuro.  

Partimos de que no necesitamos un relevo generacional, sino una complementariedad generacional. De allí que, durante los encuentros, la palabra rote por todo el salón, sin importar las edades, pues tanto las adultas mayores como las mujeres más jóvenes y las niñas, tienen experiencias para intercambiar y generar un ambiente de reconocimiento, identificación, crecimiento mutuo y valoración, para despertar un vínculo de sororidad[1] o alianza entre mujeres, que se manifiesta especialmente frente a actos de violencia, exclusión y desigualdad. Poner a circular la palabra, desde el “yo”, sin intentar aconsejar, sin juzgar la opinión o la historia de la otra, posibilita un proceso de concientización e identidad de la propia historia, desde el género.

Es así como en las conversaciones con las colectivas de mujeres partimos de comprender que la vida es una espiral, que la historia y las historias no son lineales y que mucho menos arrancan de cero al momento de ser descubiertas por alguien; siempre que hacemos parte de un proceso es importante indagar qué hubo antes y qué se quiere hacer ahora para complementarlo, mejorar y avanzar, pero reconocer que nunca se parte de cero. Con esta premisa entablamos diálogos entre adultas y jóvenes de manera sencilla, didáctica y vivencial sobre cualquier tema: su vida sexual, el conflicto armado, las huertas y los emprendimientos rurales, la educación de los hijos, etc.

Los diálogos intergeneracionales parten de la premisa de que hay dos caras que se configuran como el meollo de las brechas intergeneracionales en los liderazgos sociales de las mujeres: hay una necesidad de renovar e innovar, pero a la par la necesidad de que la experiencia acumulada pueda aportar desde sus aciertos y desaciertos, para avanzar con mayor firmeza y sostenibilidad en los procesos organizativos, reconociendo la fuerza colectiva, del movimiento desde la identidad de género.

A dialogar se aprende dialogando

Para iniciar la implementación de esta estrategia se han impulsado varias campañas en articulación con la Asociación Regional de Mujeres del Oriente Antioqueño -AMOR-, una de ellas, con muy buena acogida e impacto en la reflexión, fue “Trapitos al Sol” en el marco del 28 de mayo, Día Internacional de la Acción por la Salud de las Mujeres. Esta estrategia fue realizada en ocho municipios de la subregión, con  la participación de 323 personas de las cuales 149 fueron jóvenes menores de 26 años (se resalta la participación de 66 hombres, la mayoría de ellos en el municipio de Marinilla), donde  se abrieron espacios de conversación sobre la salud sexual de las mujeres y las experiencias vividas por las distintas generaciones: madres, hijas y nietas evidenciando grandes diferencias en cuanto al acceso a la información, restricciones sociales, dificultades de materiales para gestionar su menstruación y su sexualidad, tabúes que se han ido extendiendo de generación en generación, entre otros temas.

Frente a esta experiencia, Alejandra Quintero, lideresa en El Santuario e integrante de AMOR plantea que: “Trapitos al Sol fue muy importante como encuentro intergeneracional, porque hablamos de los derechos sexuales y reproductivos, un tema que dista entre las distintas generaciones por las prácticas que las diferentes épocas nos han impuesto. Fue muy valioso para las mujeres adultas conversar con las jóvenes, porque se enteraban de nuevos métodos para gestionar el periodo e incluso se hacía la reflexión de cómo en la actualidad, por el cambio climático, hemos vuelto a elementos que antes se utilizaban como prendas de tela. Además, el tema del matrimonio y cómo antes ellas se casaban sin saber de relaciones sexuales y que muchas veces se sintieron violentadas”.

Además, agrega Alejandra que: “la línea de tiempo realizada en la campaña “Paz con Mirada de Mujer” también fue muy interesante porque aunque las jóvenes escuchábamos a las mujeres más adultas cuando decían “usted no vivió este conflicto porque estaba muy chiquita”, el espacio nos permitió concientizarnos de que somos hijas de Colombia y de una generación que vivió esa violencia, y también repetimos prácticas que nos pesan de ese conflicto y tenemos una responsabilidad social”.

Sin duda, conversar intergeneracionalmente no solo en los procesos sociales, sino también en cualquier proceso familiar, empresarial, territorial y en los mismos procesos internos de las organizaciones e instituciones sociales como la nuestra, nos disponen a reconocernos entre mujeres, entre adultas, niñas y jóvenes, también a cambiar los lenguajes y las formas cómo nos relacionamos, y a acabar con el afán por el relevo generacional de las juventudes y por la insistencia del adultocentrismo enquistado en el pasado.

Los diálogos aminoran las brechas y enlazan lo que a veces está roto; por ejemplo, con la guerra en nuestro territorio se perdieron dos generaciones y para enganchar esa ruptura es necesario conversar, abrazar con la palabra, conceder autoridad de manera horizontal, con el reconocimiento y auto reconocimiento de la propia dignidad.

Así pues, a conversar más…

[1] Sororidad. El Feminismo. En: https://elfeminismo.com/sororidad-concepto-definicion-origen-y-tipos/

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